El meteorito de la 4T en el ecosistema de innovación.

En 2019 el ecosistema de innovación en México cambió radicalmente después de casi 20 años. Recibimos una nueva administración en el CONACYT que, bajo la consigna política de “acabar con la corrupción”, ha interrumpido vínculos entre el gobierno, la industria, la academia y la sociedad civil organizada, que ha causado más divisiones que acuerdos, incluso entre la misma comunidad científica y con la opinión pública. Y es que no es para menos cuando en estos escasos 3 meses, la cabeza del CONACYT ha mostrado que una destacada trayectoria científica no es sinónimo de experiencia en la integración de las necesidades de un país en términos de ciencia, tecnología e innovación. Ha hecho falta mucha sensibilidad para entender que esa consigna no se implementa haciendo uso de la autoridad y el poder político, sino del poder de convocatoria con el ecosistema y del peso específico de la comunicación institucional con la sociedad.

Por otro lado, nuestro ecosistema está pagando la factura de incontables casos de corrupción, malas prácticas y conductas altamente cuestionables relacionadas con el manejo de recursos públicos para la ciencia, tecnología e innovación, tanto en el gobierno, como en empresas, universidades y la misma sociedad civil organizada. Estos comportamientos han agudizado el sesgo de la nueva administración del CONACYT, el cual ha llevado a liquidar instrumentos de política pública que venían impulsado la innovación en industria y la academia, y a cuestionar programas de becas y estímulos que han sido fundamentales para el desarrollo de personas y organizaciones que, sin embargo, aún están en deuda con el país en términos de sus impactos en el bienestar social, económico y ambiental.

Si se simplifica esta problemática estructural, encontramos un empate técnico entre los factores que han hecho que la 4T haya llegado como un meteorito que, al igual que el impacto en Chixculub hace 65 millones de años que acabó con la era de los dinosaurios, amenaza la estabilidad del ecosistema y pone en riesgo la sobrevivencia de numerosas especies de organismos. Dentro de las especies vulnerables se encuentran empresas y emprendedores que, ante las bondades de los recursos públicos, habían comenzado a adoptar la innovación tecnológica como parte de su estrategia de negocio, y que ahora deben aprender a adaptarse al nuevo ecosistema para evitar su extinción. Esto lleva a que su estrategia de sobrevivencia cumpla con dos estrategias darwinianas: una rápida adaptación al cambio y un crecimiento estable en el tiempo.

Estrategias darwinianas

La evolución biológica ocurre cuando una especie logra adaptarse a los cambios en el entorno, y esto no es distinto en los mercados. Así como la extinción de los dinosaurios abrió una brecha para la proliferación de los mamíferos, las empresas en México están en una coyuntura binaria en la que sus decisiones los llevarán a la extinción o la adaptación. Por principio, todas aquellas empresas que se alimentaban exclusivamente con fondos públicos, ya sea como beneficiarias o como proveedoras de servicios, están destinadas a desaparecer a menos que adopten nuevas estrategias. Por su parte, las empresas que tienen un modelo de negocios que se nutre del mercado, están ante un proceso de adaptación que puede acelerarse si se desarrollan dos capacidades: saber encontrar más fuentes de alimento (entiéndase clientes y mercados) o bien aprovechar de mejor manera los escasos recursos disponibles. La primera condición se puede cumplir fortaleciendo los procesos de innovación en productos, procesos, servicios y estrategias comerciales, para lo cual, las capacidades medulares de cada organización son la fuente de diferenciación de su competencia. La segunda, se puede cumplir aprendiendo a aprovechar dos fuentes de recursos disponibles ya presentados por el Gobierno Federal: financieros y  humanos.

Fuentes de recursos

El Presupuesto de Egresos de la Federación aprobado en diciembre de 2018, contempla programas de recursos provenientes ya no del CONACYT (cuya nueva administración manifiesta un lamentable sesgo en contra del sector privado), sino de la Secretaría de Economía a través de los programas de PROSOFT, cuyo presupuesto aprobado es de 350.6 mdp, PPCI con 247.2 mdp, PRONAFIM con 156.7 mdp y el Fondo Nacional Emprendedor con 659.4 mdp. Si bien las reglas

y la segunda es de recursos humanos a través de programas como Jóvenes Construyendo el Futuro de la Secretaría del Trabajo, así como aprendices provenientes de universidades alineadas al Modelo Mexicano de Formación Dual, el cual fue importado por la SEP desde Alemania para fomentar la inserción de egresados a la industria, tras uno o dos años de formación alternada entre la universidad y la empresa, para satisfacer la demanda de talentos de la industria y fuentes de empleo de los recién egresados. En el primer programa, el Gobierno Federal asignará 44 mil mdp (una de las partidas más altas del Presupuesto de Egresos 2019) para otorgar becas a aprendices que sean capacitados en empresas a las que no les costará un solo peso el contar con este capital humano y que ha generado el interés de grandes corporativos como 3M, Amgen, Bayer, Bosch, Coca-Cola, Danone, Dell, Grupo Bimbo, Grupo Lala, Grupo Modelo, Herdez, Kelloggs, Liomont, Nestlé, Pepsico, Pfizer, P&G, Qualtia, Siemens, Telcel, entre otros, quienes han abierto miles de plazas de aprendices. Así como estos corporativos, las mipymes también pueden solicitar aprendices con los cuales puedan reducir costos operativos, a cambio de capacitarlos en sus procesos productivos, comerciales o administrativos y así crear nuevas fuentes competitivas de empleo.

 

Alejandro Ruiz Martínez
Alejandro Ruiz Martínez
Socio-director de TB&R, Especialiasta en comecialización de tecnologías y estrategia de I+D, innovación y vinculación tecnologíca. Realizó la Maestría en Ciencias de la Comercialización de la Ciencia y la Tecnología (CIMAV / University of Texas at Austin), así como la Maestría y Doctorado en Ciencias (UNAM). Es evaluador del Premio Nacional de Tecnología e Innovación y Evaluadir acreditado del CONACYT.

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